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22 dic 2009

Desde la lucha por el poder, hacia el poder de la complementariedad.





Trabajo presentado en el Primer Congreso Argentino de Psicología Política (nov. 2000) y publicado en el libro Psicología Política Argentina.






Una visión desde la Psicología Transpersonal



Introducción

A pesar de las diferencias partidarias e ideológicas, generalmente en política se coincide al utilizarse el mismo discurso para describir el tipo de relación que se entabla con los problemas. Cotidianamente se habla de “combatir el desempleo”, “derrotar la corrupción”, “luchar contra la pobreza”, “ganarle a la crisis”, “eliminar la evasión”, etc. Como una manifestación de fuerza, potencia y coraje, se utiliza un vocabulario en el que la palabra “vencer” aparece como una formula maestra capaz de transformar a todo aquello con lo que se esta en desacuerdo.

La forma en que se expresan los políticos no les es exclusiva. Por ejemplo, en el campo de la salud también se habla de “luchar contra el cáncer”, “derrotar al SIDA”, “combatir el estrés”, etc. El referirse a la vida como a una lucha y a cada logro como si fuera el resultado de una batalla, es algo común en múltiples espacios socio-culturales.

El hecho de convivir conversando un idioma en el que vencer y resolver parecen ser sinónimos, hace que los problemas sean entendidos y tratados como obstáculos a ser eliminados.

Como a las palabras no se las lleva el viento, es en lo cotidiano individual y comunal que se va configurando una realidad habitada por vencedores/dominadores y vencidos/dominados.

Cuando en política se habla de “luchar por el poder”, ese decir adquiere legitimidad en una cosmovisión que privilegia las jerarquías de dominación establecidas a través de relaciones de lucha entre vencedores y vencidos.

Una cosmovisión es un hecho dinámico que varía históricamente y que refleja el nivel de conciencia de cada época. Veremos entonces que la “lucha por el poder” es la manifestación de un momento evolutivo de la conciencia humana y expresión de un paradigma específico.


Pautas de la evolución


Nuestra actual conciencia humana adquiere un sentido más amplio cuando es contextualizada dentro de la evolución que viene desplegándose desde hace 15.000 millones de años.

Comenzare rastreando apenas algunas huellas del tiempo partiendo desde el Big Bang. Pero para facilitar una representación a escala humana de cantidades de tiempo astronómicas, propongo la siguiente metáfora: Imaginemos que el tiempo transcurrido desde la Explosión Primordial hasta la actualidad es reducido a los siete días de una semana. En el transcurso de esta semana cósmica, encontramos que el Big Bang sucede en el 1er. día. En el 5to.día, se forma el Sol y la Tierra. La vida emerge antes de que concluya el 6to. día. En los últimos 4 minutos del 7mo. día, aparecen los primeros Homínidos. En los 2 minutos restantes comienza a desarrollarse el cerebro humano, y alcanza su fisiología actual en los 10 segundos finales del 7mo. día. ¡Apenas 10 segundos de conciencia para el intento humano de aprender a organizarnos y conducirnos creativamente en coherencia con lo que viene aconteciendo durante siete días!

Los cambios que fueron sucediéndose durante la semana cósmica, ofrecen indicios para entender a la evolución como un proceso de autotrascendencia cuya ley es la unidad por integración; siempre se conserva la unidad funcional, gracias a la integración que coordina en una unidad más elevada, actividades cada vez más numerosas y complejas.

Cada paso evolutivo va más allá de sus predecesores, pero integra al estadio anterior y le agrega componentes insólitamente nuevos. Así es que las primeras formas vivas (plantas) superan a la materia inerte y a los minerales, pero las incluyen en su propia constitución. De igual manera, los animales superaron a las formas de vida vegetal, pero incluyeron a la vida en su constitución. La especie humana también hizo lo mismo al superar a los animales, sin que por esto haya dejado de conservar algunas de sus características. Los humanos incluimos y trascendemos, por implicación, a todos los estadios evolutivos anteriores.

Donde quiera que miremos veremos holones, o sea que encontraremos totalidades enlazadas entre sí formando parte de totalidades mayores, las que a su vez, también están integrándose y enlazándose mutuamente formando a otras totalidades superiores.

En el discurrir del tiempo, las totalidades de hoy, serán las partes de las totalidades del mañana...


Dado que la materia prima que nos constituye es la misma que viene evolucionando en el Universo desde hace 15.000 millones de años, es que en el despliegue de nuestra conciencia también se halla presente el mismo impulso hacia la unificación a través de la integración de todas las partes. Dicho impulso se manifiesta en secuencias sucesivas tendientes a producir totalidades cada vez más elevadas, inclusivas y organizadas.

Abreviadamente pueden diferenciarse tres grandes momentos de este extraordinario proceso evolutivo: No-conciencia, Conciencia de sí y Conciencia de parte. Cada una de estas etapas o fulcros nos brinda una visión del mundo diferente. Como veremos seguidamente, el transitar cada uno de esos momentos equivale a verdaderos cambios de paradigmas en los que cambia la sensación de identidad, las necesidades del yo, la mirada sobre los demás y la actitud ante la vida.



No-conciencia

Era en la aurora de la especie humana, cuando el ego del incipiente hombre y el mundo que lo circundaba, permanecían indiferenciados, fundidos y confundidos.

Se trataba de una etapa pre-personal en la que su ego era el mundo y todo el mundo era su ego. No podía diferenciar a la parte del todo, ni distinguir entre la experiencia interna y el mundo externo. El sí mimo no era experimentado como una entidad independiente y se carecía de autoconciencia.

Si bien los primeros protohumanos habían comenzado a trascender los estadios evolutivos anteriores (materia, vida vegetal y animal), todavía estaban inertes al poder y gobierno de estos estadios; aún no disponían de ningún atisbo de voluntad.



Conciencia de sí

En la medida que la especie humana fue trascendiendo los estadios anteriores de la evolución y emergiendo del estado de No-conciencia, es que también fue despertando a una existencia independiente.

Al tiempo que va aprendiendo a diferenciar mundo interno de mundo externo y a la parte del Todo, es que también va adquiriendo la capacidad de decir “yo soy”. Es el origen de la conciencia de sí y el nacimiento de la persona.

A partir de este estadio ira desarrollándose una conducta deliberada, la cual querrá experimentarse en todas sus posibilidades para liberarse del poder de los estadíos evolutivos que lo anteceden y comenzar a gobernarse “autónomamente”.

En la evolución, cada paso aporta nuevas posibilidades que permiten trascender a las limitaciones de la fase anterior, pero cada paso también introduce nuevas imposibilidades que le son propias.

Gracias a la Conciencia de sí, fue posible que la fusión con el mundo se disolviera y que comenzaran a hacerse distinguibles las diferencias. Pero esta nueva capacidad también introdujo nuevos problemas derivados de la imposibilidad intrínseca que tiene la Conciencia de sí para acceder a aquello que re-liga a las partes con el Todo.

Debido a la incapacidad de este estadio para integrar a las diferencias demarcadas en una Unidad que las incluya y trascienda, es que, del límite entre las partes, únicamente se percibió su facultad de separar. Es como si la frontera (límite) entre dos países únicamente tuviese la función de separarlos.

Al confundirse la capacidad de diferenciar con la de separar, el universo quedó fragmentado en dualidades (mundo interno - mundo externo, yo - él, nosotros - ellos, sujeto - objeto, etc.) y se pensó que cada una de estas diferentes partes eran esencialmente aisladas, opuestas y antagónicas. A modo de metáfora, ésta situación es comparable a un organismo cuyas células adquieren Conciencia de sí pero, al ignorar que cada una es parte del mismo cuerpo, entonces pelean unas contra otras para por ejemplo obtener mayor oxigeno para sí mismas; consecuentemente celebran su victoria cada vez que vencen a otras células en su lucha por el oxigeno.

Cuando desde la Conciencia de sí se dice “yo soy”, sé esta afincando la propia identidad en un ego que también aparece fragmentado y aislado del resto. Esta situación genera una sensación de pequeñez desde la cual resultan peligrosas las diferencias. Si no encuentro nada que me re-una con el otro diferente, y si estoy convencido de que este otro es en esencia opuesto y antagónico a mí, es lógico entonces ver en él a un enemigo que amenaza mi propia identidad. Entonces, desde una actitud cosmocéntrica, el ego fragmentado intenta autoexpandirse y aumentar al máximo su área de influencia. Para tener el poder suficiente que le permita adecuar el medio a sus propios objetivos, busca neutralizar o eliminar el poder antagónico del otro diferente. Cuando cada ego fragmentado hace lo mismo (ya sea individualmente o agrupándose junto a otros que considera del mismo lado por el hecho de compartir iguales preferencias), es que se crea un clima de batalla propicio para la lucha por el poder y para que se instituyan jerarquías de dominación entre vencedores y vencidos.



Conciencia de parte

La Conciencia de sí es un eslabón necesario que introdujo aportes imprescindibles para la evolución. Pero recién últimamente (tras ensayo y error) estamos comenzando a darnos cuenta que la propia incapacidad para integrar las partes en la Unidad genera problemas que son imposibles de solucionar con respuestas procedentes del mismo nivel de conciencia que las creo.
El hecho de que colectivamente estemos viviendo el inicio de la transición desde la Conciencia de sí hacia la Conciencia de parte, hace difícil describir las cualidades del paso evolutivo venidero. No obstante, a través de la experiencia relatada por místicos-sabios de todos los tiempos, disponemos de una descripción de la Conciencia de parte que coincide con lo revelado desde el núcleo esotérico del hinduismo, del budismo, del taoísmo, del sufismo y del cristianismo. Por suponer que el estado de conciencia al que accedieron estos místicos-sabios representa una etapa superior del desarrollo de la humanidad, es que me remitiré a sus detallados relatos para aproximarnos a las características de la Conciencia de parte.

Conforme a lo ante dicho, encontramos que cuanto más evoluciona la conciencia, más se expanden los límites del fragmentado ego personal, y más cerca se esta de re-encontrar la Unidad. Se trata de una etapa transpersonal en la que la conciencia salta a una dimensión capaz de trascender el dualismo propio de la conciencia de sí (mundo interno - mundo externo, yo - él, nosotros - ellos, sujeto - objeto, etc.) Se sigue distinguiendo las diferencias que dan singularidad a cada una de las partes, pero dejan de estar fragmentadas entre sí, porque ahora se sabe que el límite entre ellas también tiene la facultad de unirlas. Retomando el ejemplo de los dos países, ahora se sabe que la misma frontera (límite) no solo los separa, sino que también los une.

Al conocerse el enlace que re-une a cada parte, se adquiere la capacidad de distinguir lo diferente y lo común entre cada una de ellas. Parte y Todo ya no están fragmentados, porque (sin aniquilar las diferencias) se aprendió a integrar a las partes en una Unidad organizacional que las incluye y trasciende.

Cuando desde éste nivel de conciencia se dice "yo soy", se lo dice sabiéndose que uno es específico, diferente y único; pero simultáneamente, al conectarse con la trama de la cual sé esta hecho, también existe la autopercepción de que uno es también un particular producto generado por esa trama que lo incluye y trasciende.

En la metáfora del organismo, la conciencia de parte equivale al momento en que cada célula descubre que cada una es parte de un mismo cuerpo. Por lo tanto descubre que cuando vencía a las otras células, todo el cuerpo se deterioraba y que consecuentemente terminaba dañándose ella misma. Se desvanece entonces la ilusión de victoria que tenia cada vez que resultaba vencedora en la lucha contra diferentes partes del mismo cuerpo.

Lo que desde la Conciencia de sí era entendido como puramente diferente, aislado y esencialmente antagónico, ahora es experimentado como una de las diferentes formas de manifestarse la Unidad. Por la sabiduría que alcanzó el ego, es que ahora puede conocer el lugar que ocupa en la totalidad del conjunto y establecer relaciones armónicas con las diferentes partes. Es consciente que cada una de las partes son esencialmente complementarias entre sí, y que el bienestar de una esta íntimamente ligado al bienestar de las otras.

Encontrar aquello a través de lo cual uno queda re-unido con el otro diferente, significa experimentar la sensación de comunión con la Totalidad. Al reconocerse como parte del conjunto y uno con él, cesa el movimiento de autoexpanción característico del ego fragmentado y resulta innecesaria la lucha por el poder.

Para seguir nuestra humana evolución y para continuar aprendiendo a organizarnos y conducirnos creativamente en la misma dirección que lo viene haciendo desde hace 15.000 millones de años el Universo, la tarea ya no consiste en neutralizar o eliminar el poder del otro diferente, sino en descubrir el poder que es fruto de la complementariedad entre diferentes.



Los niveles de conciencia y sus paradigmas

Cada nivel evolutivo de conciencia se manifiesta también a través de determinados paradigmas.
El estadio de Conciencia de sí corresponde a la revolución filosófica y científica del siglo XVII que dio origen a la ciencia clásica y a la tecnología derivada de ella. Me estoy refiriendo al paradigma Newtoniano-Cartesiano desde el cual se conceptualizo una realidad en la que la materia constituía la base de toda existencia. Este era un mundo material formado por bloques aislados de partículas impenetrables. Se pensaba que estas partículas, como efecto de las fuerzas de atracción y repulsión, rebotaban por el espacio y chocaban unas contra otras como si fueran bolas de villar.

Era una visión mecanicista en la que toda vida era representada como una pieza de relojería. Cada parte de ese mecanismo era rígido, separado, predecible e intercambiable.

La fisura entre lo mental y lo físico favoreció la separación entre lo humano y lo natural; la naturaleza era vista como otra fuerza que debía ser reprimida, sometida y obligada a servir.

En la física newtoniana existe solamente una realidad en cada unidad de tiempo. Se acentúa el dualismo entre una y otra opción; solo puede haber una verdad, una mejor línea de acción. No puede aceptarse matices, paradojas, multiplicidad, diferencias, ni pluralidad.

Desde sus inicios, hasta nuestros días, este paradigma modeló la percepción de la realidad de casi todo pensador influyente. Cada vez que alguna disciplina necesitaba una base científica para sus teorías, recurría a los conceptos básicos de la física newtoniana.

Los pensadores políticos de la época, comparaban por ejemplo la interacción de los átomos en colisión con la conducta y las interacciones de los individuos dentro de la sociedad. Según ellos, era la ciega persecución de los intereses individuales la que inevitablemente los llevaba a la confrontación entre sí y a la lucha de todos los hombres contra todos los hombres.

Cuando en política se habla de luchar por el poder, se lo hace preponderantemente desde el nivel de Conciencia de sí. Con nula o escasa Conciencia de parte los múltiples aspectos de la vida (juego, cooperación, lucha, compasión, competencia, amor, creatividad, sabiduría, etc.) quedan reducidos únicamente a la competencia y la lucha entre partes fragmentadas.


Así como vimos que la Conciencia de sí fue un eslabón imprescindible en la evolución de la conciencia, también el paradigma Newtoniano-Cartesiano fue un paso necesario y útil en muchos sentidos. Hizo posible el avance científico, tecnológico e industrial; también posibilitó la autoafirmación individual y fue intelectualmente compatible con el florecimiento de la democracia occidental. Pero su reducida visión trajo aparejado un exceso de la tendencia autoafirmante que se manifiesta en la búsqueda ilimitada de poder, control, dominación y exigencia de sumisión de los demás por la fuerza. Es por esto que la violación a mujeres, a grupos minoritarios, a naciones marginadas y hasta a la tierra misma, se convirtió en uno de los comunes denominadores del mundo globalizado.


Pero como el cosmos es energéticamente dinámico y activo, la conciencia de parte comenzó a manifestarse también en la manera de entender la realidad. Así ocurrió que en el siglo XX, a partir de Albert Einsten, los cimientos de la ciencia clásica comenzaron a vacilar.

Se puso de manifiesto las limitaciones de la visión mecanicista del mundo y se acoto su campo de aplicación y utilidad. Se fue llegando a una visión orgánica, holística y ecológica del mundo muy similar a la de los místicos de todas las épocas y tradiciones.

Es a partir de este incipiente paradigma que el universo deja de ser una máquina compuesta por partes separadas, para comenzar a emerger como una Unidad indivisible y armónica en la cual la conciencia del observador humano es un elemento esencial. Se comprueba que las diferentes partes distinguibles son manifestaciones de una misma Unidad y que entre todas ellas conforman una red de relaciones dinámicas que solo puede comprendérselas como modelos de un proceso cósmico más amplio.

Esta nueva visión integradora de la vida no avala a la lucha contra lo diferente, porque aprendió a reconocer la legitimidad, la necesariedad y la complementariedad entre cada una de las partes; en cambio, hace hincapié en un pensamiento capaz de re-ligar a cada una de las diferentes manifestaciones de la Unidad hasta poder vislumbrar simultáneamente a la Diversidad en la Unidad y a la Unidad en la Diversidad.



Resignificación del concepto de política

A pesar de que la conciencia sigue evolucionando y los paradigmas científicos cambiando, mayoritariamente el discurso político sigue argumentándose desde un pensamiento que reduce a la vida a una lucha y a cada logro como si se tratara del resultado de una batalla.

Considero oportuno capitalizar los aciertos y errores de la Conciencia de sí y de la visión Newtoniana-Cartesiana, para intentar trascenderla y actualizar la acción política tomando como parámetro lo antes descrito respecto de la Conciencia de parte y de los nuevos paradigmas.
Seguidamente presento una primera hipótesis, a modo de ensayo, en la cual resignificó el
concepto de política como el arte de:

a) Complementar diferentes posibilidades (realidades) de la sociedad.

b) Descubrir creativamente las nuevas posibilidades (realidades) emergentes del encuentro complementario entre diferentes manifestaciones.


Ampliemos cada uno de estos puntos:

a) Complementar diferentes posibilidades (realidades) de la sociedad es aplicar a nuestra humana organización aquello que en la naturaleza es ley: la conservación de la unidad funcional a través de una integración que coordina en una unidad más elevada actividades cada vez más numerosas y complejas. Emprender la política de este modo, requiere saber distinguir simultáneamente lo diferente y lo común entre la pluralidad de individuos y grupos. Es la diversidad la que posibilita a la sociedad expresar su propio potencial subyacente. Es por esto que la existencia de cada parte es igual de legitima e igual de necesario el poder de todas ellas.

La tarea de complementar es la oportunidad para que cada parte (en tanto expresión de la misma Unidad) pueda celebrar su diversidad, y para que descubra la comunidad creativa existente en la unidad de las diferencias. Esto sería como letras que, habiéndose reconocido como partes de un mismo alfabeto y respetándose en sus diferencias, pudieron re-unirse formando una palabra nueva. En este caso el otro diferente deja de ser un oponente contra el cual solo se puede ganar o perder (actitud típica de la Conciencia de sí) y pasa ser un otro diferente imprescindible para el diálogo, un compañero igualitario integrante del mismo equipo en la exploración de nuevas posibilidades.

La acción de complementar no requiere el construir redes entre diferentes partes; porque esta acción, tan en boga últimamente, sigue suponiendo la existencia de partes separadas y aisladas a las que hay que unir. Lo que hace falta, es darse cuenta que las redes que mantienen ligadas a las partes ya están presentes e implicadas en la Unidad subyacente, solo resta ser concientes de ese enlace y saber como desplegar socialmente su potencial. Es como si las letras ya estaban formando una palabra, solo que por carecerse de la Conciencia de parte, nadie sabia como leerla.


b) Descubrir creativamente las nuevas posibilidades (realidades) emergentes del encuentro complementario entre diferentes manifestaciones, significa estar abierto a lo nuevo de cada momento.

Cuando accede a la conciencia la complementariedad entre partes, siempre emerge algo nuevo. Es como cuando se contempla alguna imagen en 3 D, que de repente desde donde parecía que sólo había un desorden inarticulado, aparece un orden dando forma a una nueva figura.

Lo que emerge de la complementariedad solidaria siempre es una creación original imposible de ser predecida; tan imposible, como supongo que habría sido el descubrir las características del agua antes que se produjera el primer encuentro creador entre la molécula de oxigeno y las de hidrogeno.

Desde lo emergente de la complementariedad solidaria, es que cobra un sentido más amplio y trascendente el poder y la función de cada una de las diferentes partes. A su ves, dado que la vida se auto-eco-organiza en formas de holones, es que se necesita de una permanente receptividad hacia lo nuevo, porque seguramente la unidad que nace hoy en el encuentro complementario, mañana será parte de alguna nueva unidad más amplia y trascendente.



Propuestas

Para que el desarrollo conceptual aquí presentado genere una consecuencia aplicable desde la cual teoría y práctica se retroalimenten, es que propongo sintéticamente los siguientes emprendimientos:


Actualización transdisciplinaria de la política.

Se trata de convocar a personas de diferentes disciplinas con el objetivo de resignificar desde la Conciencia de parte a la política. Pero para que sea realmente una transdisciplina trascendental y comprehensiva, tendrá que ser capaz de abarcar e integrar tres perspectivas: 1) La del espacio, del tiempo y de la materia objetiva; 2) La de las ideas, las imágenes, la lógica y los conceptos; y 3) Las transpersonales.

Cada una de las perspectivas enunciadas tienen sus propios objetos de conocimiento (empírico, mental y trascendental) y sus propios dominios de validez y utilidad.

Mejor podrá aprovecharse lo emergente de la integración de estas tres realidades, si no se incurre en la falacia de explicar una categoría con la perspectiva equivocada.


Investigación de nuevas prácticas políticas coherentes con la Conciencia de parte.

Esta tarea comprende la re-visión de acciones políticas (procedentes de distintas culturas y épocas) en las que se pueda vislumbrar presencia de la Conciencia de parte; el aprender de ellas, puede ser una fuente inspiradora de nuevas hipótesis para la acción política presente y futura.


Creación de metodologías sensibles, eficaces y consensuadas para la identificación de predominios de Conciencia de sí y de Conciencia de parte en las organizaciones.

Dado el momento de transición que estamos haciendo entre ambos niveles de conciencia, hace que en las organizaciones estas dos visiones coexistan en el presente. El saber identificar la presencia de cada uno de ellas, puede ser una herramienta de análisis útil para evaluar el tipo de relaciones que entablan sus integrantes.


Facilitación para la resolución de conflictos motivados por la lucha entre partes.

Cuando los conflictos (personales, familiares, grupales y sociales) tienen su origen en las limitaciones de la Conciencia de sí, puede agravárselos el intentar tratarlos con métodos procedentes del mismo nivel de conciencia que los creo. En cambio, puede resolvérselos utilizando herramientas procedentes de la Conciencia de parte.


Educación para la complementación solidaria (Destinada a personas responsables de grupos humanos en Empresas, ONGs e Instituciones Gubernamentales).

Es una tarea destinada a la promoción de la Conciencia de parte y a la enseñanza de recursos para lograr la complementariedad solidaria en las organizaciones.


Semilleros de creatividad política.

Hay quienes actualmente tienen sus vidas preponderantemente centradas en la Conciencia de parte (Por ejemplo esto se evidencia en la sensibilidad que las nuevas generaciones tienen hacia la ecología). Estas personas podrían desplegar y socializar su innata capacidad en espacios ideados especialmente para la creación de una política mas integradora y trascendente.



Conclusión


Mi convicción de que aprender a resolver problemas es más útil que el intentar vencerlos, hace que durante esta presentación haya esbozado algunas consideraciones para hacer un aporte a la creación de una política que haga a favor de..., sin necesidad de luchar en contra de nadie.

Deseo que la política sea mucho más que una mera forma de hacer, que también sea una manera de comprehender sin dualismos a las partes y al Todo, que sea un medio para re-ligar lo Universal con lo particular y lo particular con lo Universal.

Creo que, seamos o no concientes, en tanto especie estamos evolucionando en esa dirección. Pero si fuéramos más concientes, podríamos ser más capaces de asumir y corregir oportunamente los errores inherentes a este aprendizaje; así evitaríamos mucho sufrimiento. A demás que, resultarían más bellos los sucesivos paisajes de nuestra humana evolución.



Juan Antonio Currado



Bibliografía
Capra Fritjof. El punto crucial. (Integral, 1985) El Tao de la física. (Luis Carcamo, l987) // Ken Wilber. Los tres ojos del conocimiento. (Kairos, 1994) Después del Edén. (Kairos, 1995) // Breve historia de todas las cosas. (Kairos, 1996) // Levy Norberto. El camino de la autoasistencia psicológica. (Planeta, l986) El asistente interior. (Planeta, 1993) // Maslow Abraham. El hombre autorrealizado. (Kairos, 1987) // Maturana Humberto. El sentido de lo humano. (Gedisa, 1997) // Morin Edgard. El método I, La naturaleza de la naturaleza. (Catedra,1983) Introducción al pensamiento complejo. (Gedisa, 1997) // Peat David. Sincronicidad. (Kairos, 1989) // Zohar D. y Marshall I. La sociedad cuántica. (Plaza y Jones, 1994)

21 dic 2009

Globalización: Actualización de un antiguo proceso.




Había una vez un niño que pregunto a su abuelo la diferencia entre el cielo y el infierno.

Y el abuelo contestó:

- En el infierno hay personas hambrientas reunidas alrededor de una gran olla colmada de exisita comida. Pero estas personas, tienen por brazos rectos mangos con cucharas en sus extremos; con ellos toman el alimento y el no poder doblarlos les impide llevárselos a sus bocas.
En el cielo, están las mismas personas reunidas alrededor de la misma gran olla y colmada también de exisita comida. Tampoco pueden doblar sus brazos; pero ninguna sufre hambre, porque descubrieron que pueden extenderlos a las bocas de los demás y cada uno come el alimento de la mano del otro.





Globalizarnos: Un histórico mandamiento

Tradiciones sagradas de todos los tiempos y culturas describen la unidad intrínseca de la Totalidad. Por ejemplo, desde la óptica cristiana, en el evangelio de San Juan se lee: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”. También está en las palabras del maestro zen Dogen: “Todos los seres están sumergidos en la naturaleza de Buda. Sin embargo la naturaleza de Buda está sumergida al mismo tiempo en todos los seres”. De igual modo, en el contexto de la tradición hindú, Sri Aurobindo afirmaba: “Todo está en cada uno y cada uno está en el Todo”. En la tradición filosófica occidental Anaxágoras decía: “Todo está en todo..., nadie existe aisladamente”. Similar visión, también la encontramos en la cosmología de los aborígenes ido-americanos cuando se refieren a la Madre-Tierra / Padre-Cielo.

Esa Unidad referida de formas distintas según sus diferentes procedencias (Dios, Tao, Brahmán, Alá, etc.) también va siendo constatada por la ciencia. El pensamiento científico fue abandonando sus clásicos conceptos sobre una realidad fundamental formada por partes independientes, para ir entendiendo al mundo como un complejo entretejido de acontecimientos, en el cual las relaciones de diferentes aspectos se alternan, o se trasladan o cambian generándose la textura del Todo.

Si nada hay de novedoso en el concepto de Unidad, entonces quizás la globalización sea nada más (¡ni nada menos!) que la actual manera de nombrar al perenne proceso en que los humanos nos vamos dando cuenta que conformamos y somos conformados por una Unidad que nos incluye y trasciende.

La dirección de la parte hacia la Unidad, es una historia que antecede a la existencia de nuestra especie; es también la historia de nuestro planeta y quizás también del Kosmos. Esta historia esta implicada tanto en nuestro presente, como así también en aquel mítico pasado cuando salimos de la propia caverna y descubrimos a otros diferentes. Es en el devenir de ese proceso, que vamos manifestando en las múltiples facetas socioculturales (religión, arte, política, salud, ciencia, técnica, etc.) nuestro modo de relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno.

No es sinónimo de globalización el simple hecho de consumir productos producidos al otro lado del mundo, operar en los mercados mundiales o el estar conectado a Internet. Es importante valorar estos hechos, pero la Globalización es omniabarcativa de todos los planos y niveles de la vida; si la reducimos únicamente a sus aspectos materiales y tecnológicos, estaremos fragmentando la amplitud y la profundidad de la sincronicidad implicada en el misterioso impulso hacia la Unidad.



Valorar al árbol y al bosque


Al mirar la globalización como un hecho histórico, puede observarse como la tendencia de la parte hacia la Unidad se expresa en el impulso humano de salir del pequeño mundo conocido, para aventurarse en la relación con el gran mundo desconocido. En ese andar se vive la tirantez entre dos necesidades: La de afirmar la identidad individual y la de adaptarse en comunión como parte de la totalidad. Conciliar saludablemente a ambas necesidades, parece ser un aprendizaje evolutivo que aún no hemos concluido. Desde una concepción dualista y fragmentaria de la realidad, generalmente se ensayaron dos tipos de respuestas: Una de ellas privilegia a la parte por encima de la totalidad (individualismo) La otra, privilegia a la totalidad por encima de la parte (comunismo) Pero veremos seguidamente que existe otro nivel, más próximo a una concepción no dual de la vida, desde el cual emerge otro panorama diferente.

El sendero hacia la Unidad puede ser comprehendido como un camino de doble tránsito: Por un lado, desde lo múltiple se llega a la unidad sin destruir las singularidades (por Ej. : la multiplicidad de las células participa en el órgano, sin que por esto se destruya lo específico de cada una de ellas). Por otro lado, de lo uno se llega a lo múltiple sin romperse la unidad (por Ej. : el órgano participa en las células sin partirse la unidad)

La simultánea permanencia de la trascendencia de las partes hacia el Uno, y de la inmanencia del Uno en las partes, garantiza la co-existencia de ambos.

No habrá unidad sin el afán de globalizarnos aniquilamos a las singularidades de sus componentes (sería como si el órgano quisiera constituirse eliminando a las células a través de las cuales se constituye) Tampoco habrá individualidad fecunda si tras el deseo de autonomía no sabemos reconocer aquello que nos une (sería como sí las células, sin reconocerse como parte del mismo órgano quisieran destruirlo para expandiese individualmente.)

Cuando los partidarios de las totalidades no reconocen la importancia de las singularidades, estamos ante hegemonías socio-culturales totalitarias. Cuando los partidarios de las singularidades no reconocen la importancia de la totalidad, estamos ante nacionalismos fundamentalistas. Ambas posiciones extremas se confrontan y aferrados a sus parciales razones batallan entre sí con idénticas armas.



Todas las manos, todas


Disponemos de la experiencia histórica de que cada vez que una persona, grupo o civilización confundió a la parcialidad de su verdad con la verdad absoluta, concluyó auto-proclamándose “pueblo elegido” para llevar al resto de la humanidad hacia lo que para ellos era un glorioso destino. Cuando esto ocurrió, fueron percibidos como una amenaza quienes no acordaron con dicha auto-atribución, y bajo la acusación de ignorancia, herejía o error culpable, se justifico todo método de control.

En nuestros días, también desde un sector hegemónico se le niega el derecho a la interrelación y a un intercambio digno a quienes tienen creencias, valores y metas distintas a las pregonadas; unos condenan a los otros a la sombra de la marginación desde donde nunca parecen tener nada legítimo que decir, ni nada valioso que aportar al devenir histórico. Así es que la identidad de la especie humana va quedando escindida, fragmentada en dos partes: Una, es la voz “oficial” que se expande dominadora y altiva; en ella se auto reconocen quienes coinciden en idénticas metas y caminos. La otra parte es la marginal, subterránea; la que únicamente puede hablar a través del traductor “oficial”; por ser vista como la anti-meta resulta menospreciada y dominada hacia su máxima contracción y/o extinción.

Lo que ocurre a nivel especie, es comparable a lo que individualmente sucede entre el ego y la sombra. En psicología sabemos que una persona empobrece su identidad cuando oculta en su sombra aspectos que rechaza de sí misma; consecuentemente pierde el significado de dichos aspectos y el saludable potencial existente en cada uno de ellos. Una metáfora útil para entender este proceso es el holograma: Una de las características del holograma es que al iluminar una de sus partes se obtiene información de toda la imagen, pero será desde menos ángulos y menos detallada; contrariamente, la imagen será más amplia y detallada cuanto más partes se tomen del holograma. Cuando un individuo logra “escuchar” a su propio aspecto rechazado, obtiene de él una información que (mediante una adecuada interrelación e intercambio justo) concluye enriqueciéndose siempre la totalidad de la persona. Así como se mejora y se realiza individualmente quien despliega las potencialidades constructivas de los propios aspectos, también la humanidad requiere del aporte de todos sus integrantes para mejorar lo mejorable y realizar lo realizable.

Hoy sabemos que para la naturaleza, que nada desecha, es ley de su evolución la unidad por integración. Es decir que siempre conserva la unidad funcional, gracias a la integración que coordina en una unidad más elevada, actividades cada vez más numerosas y complejas. La pauta evolutiva de unidad por integración puede ser un adecuado modelo desde el cual concebir una globalización que en lugar de aniquilar las diferencias personales y socio-culturales, las auto-eco-organice albergándolas como aspectos solidarios de un flujo único y continuo.

Accederemos a una Globalización más amplia, profunda y trascendente, cuanto más singularidades aprehendamos a re-unir. Cada vez que fallamos en esto, más se empobrece el potencial del conjunto de la humanidad. Al quedar escindidos en globalizados/dominados y globalizadores/dominadores, de una u otra forma, las dos partes pierden la insustituible riqueza que sólo pueden aportarse entre diferentes cuando el intercambio es libre y dignificante para ambos.



Complementariedad solidaria

El proceso de Globalización está implicado en lo individual y en lo colectivo, en lo subjetivo y en lo objetivo; por lo que en cada nivel se despliegan expresiones de dicho proceso. Seamos quienes seamos, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, no podemos dejar de ser participes en la Globalización, porque es inherente a nuestra esencia el ser parte del Todo y el que el Todo sea parte de nosotros.

¿Cómo sienten, nombran, piensan y viven otros sistemas socio-culturales esto que hoy nosotros llamamos Globalización? ¿Qué diferencias y / o semejanzas hay respecto a la Globalización (por ejemplo) entre el empresario de una multinacional radicada en Capital , un obrero del Gran Buenos Aires y el aborigen del noroeste argentino? Son múltiples los significados que podemos darle a la palabra globalización y cada uno de estos significados son necesarios. Cada una de las partes es necesaria en la Unidad, porque la Globalización existe en todas y cada una de las partes.

Cada persona y comunidad son portadoras de una pieza constitutiva del gran rompecabezas llamado Unidad.

Por caer en la ilusión de la fragmentación, se supone que la propia parte es la totalidad del rompecabezas; en este caso, cada una de las partes involucradas sostiene, con igual convicción la misma afirmación: “yo estoy en lo correcto y tus eres el equivocado; yo soy el bueno y tú el malo; Dios esta de nuestro lado, y no del de ellos”. En cambio, al disiparse la ilusión nos enaltecemos en sabiduría; entonces nos vivenciamos como una singular parte mas junto a las muchas otras del mismo gran juego. Así como se complementan entre sí las distintas piezas del rompecabezas, igual de complementarias son las diferencias personales y socio-culturales.

Ningún modelo tiene todo resuelto, siempre hay algo que mejorar. Así como se dice que es el pez el último en descubrir el agua, también un sistema socio-cultural puede ser el último en vislumbrar las raíces de sus propios conflictos y en instrumentar las respuestas adecuadas. Vivimos el privilegio histórico de acceder a la información almacenada por distintas culturas desde los más remotos tiempos. Por primera vez en la historia de nuestra especie tenemos a nuestro alcance la mayor cantidad de piezas del gran rompecabezas. Podemos enriquecernos como nunca antes con todas ellas.

Al auto-reconocerse el propio límite, cuando hay necesidad autentica, otro sistema socio-cultural puede advenir necesario diferente y complementarse solidariamente en un genuino encuentro. Es como letras de un mismo alfabeto, que crean palabras uniéndose en sus diferencias.

Es imprescindible la existencia del otro diferente para constituir una comunidad de intereses en conciencia de la complementariedad solidaria.

Salir del absolutismo no requiere irse a un relativismo extremo, ni habitar su chato mundo en el que todo da igual.

Hay distinciones entre lo permanente y lo transitorio, entre lo superficial y lo profundo; pero sólo pueden hacerse estas distinciones en el conversar, en el ir siendo humanos en el mundo con el otro. Se trata de un encuentro que va mucho más allá que la mera constatación sensorial del otro tan frecuente en el “estar informado” o “mirar sin ver”, propio de la cultura del zapping; al aventurarse en una verdadera relación de encuentro, se da la posibilidad de un “yo soy...” abierto al crecimiento, a la creatividad, a descubrir formas de Ser complementarias. Cuando falta esa calidad de encuentro, resulta un “yo soy” dogmático y cerrado. Al reconocer, comprehensiva y empaticamente, al otro en toda su alteridad, se disuelve la separatividad en un re-encuentro creativo y transformador.

Si bien hace tiempo que conocemos las limitaciones de imponer alguna verdad absoluta, aun es problemático co-existir en ese reconocimiento. Pero como todo problema es una oportunidad que nos lanza hacia delante, podremos adelantar en el proceso de Globalización si aprehendemos a flexibilizar las hegemonías de las partes; el hacerlo no solo es un beneficio para el otro, sino que también para uno mismo.

Es vital revisar como nos vinculamos con el necesario diferente, sea que el otro sea una persona, grupo, comunidad, nación o cultura. Observar si lo hacemos desde una relación globalizador/dominador – globalizado/dominado; a modo de colono conquistador, donde el otro diferente es un objeto sin más valor que el de satisfacer únicamente los propios apetitos. O si lo hacemos basándonos en un vínculo de complementariedad solidaria; en el cual ambos nos globalizamos nutriéndonos en un encuentro donde el otro es tan valioso, legítimo y digno como yo.



Haciendo conciencia al andar

Darnos cuenta como nos relacionamos participativamente en la Unidad, y como se relaciona participativamente la Unidad en nosotros, fue y es el objetivo de las tradiciones místicas de todas las culturas. Cada un aporta su propia visión y señala su consecuente método; pero todas ellas concuerdan en que nos vamos dando cuenta durante una tarea de aprendizaje evolutivo.

La conciencia evoluciona desplegándose en sucesivos estadios de aprendizaje. Durante cada uno de estas etapas, la conciencia se va abriendo a diferentes realidades; es comparable a cambios de paradigmas en los que se transforma la constelación de ideas, creencias, valores, sensaciones de identidad, necesidades y las maneras de ser y de estar en el mundo.

Resumidamente introduciré algunas características de dicho proceso agrupándolas en tres grandes momentos evolutivos:

No-conciencia: Es una etapa pre-personal. El ego permanece indiferenciado, fundido y confundido con el mundo que lo circunda.

Conciencia de sí: Se adquiere la capacidad de decir “yo soy”. Es el nacimiento de la persona diferenciada del mundo, pero también se fragmenta de él. El universo queda escindido en dualidades aisladas, opuestas y antagónicas.

Conciencia de parte: Es una etapa transpersonal. Cuando se dice “yo soy”se lo dice sabiéndose específico, diferente y único, pero también existe la auto-percepción de ser parte de la trama de una Unidad que lo incluye y trasciende. Se diferencia sin fragmentar, por lo que cada parte es experimentada como manifestaciones singulares, solidarias y complementarias de la Unidad.

Podemos advertir que durante el transcurso de este extraordinario arco evolutivo hay un creciente descentramiento (o egocentrismo decreciente) que posibilita incrementar la capacidad para develar totalidades cada vez más complejas, inclusivas y completas, y para desplegar unidades de mayor trascendencia. Cada una de las fases enunciadas descansa y se nutre de las anteriores, ya que éstas son incluidas e integradas en el proceso global de expansión de la conciencia. Sólo puede darse un nuevo paso cuando los anteriores fueron satisfactoriamente recorridos, integrados y trascendidos.

Según lo dicho, cambiará la visión de la globalización según el nivel de conciencia al que se haya accedido. Por ejemplo quien se encuentra en el fulcro de Conciencia de sí, tendrá una turbia vivencia de la Unidad; tendera a percibir a cada diferente como si se tratara de alguien esencialmente antagónico; encontrara en la violencia su mejor arma para acabar con los conflictos. En cambio, quien se halle en el estadio Conciencia de parte, accederá a una clara vivencia de la Unidad; será propenso a ver en el diferente a un potencial complementario; la compasión será el combustible que pondrá en marcha la resolución de cualquier conflicto.

Pero no solamente varia el nivel evolutivo de la conciencia entre una persona y otra, sino que a demás, un mismo individuo puede tener aspectos psicológicos más o menos crecidos. Un ejemplo de esto es cuando alguien coincide con el principio de unidad y complementariedad entre las partes; pero no obstante, en ocasiones desear imponer autoritariamente su propio punto de vista. Quedando por delante en estos casos, la asistencia interior del aspecto más evolucionado al menos crecido.

Según lo dicho, si bien podríamos generalizar que (en tanto especie) llevamos recorrido un importante tramo evolutivo, es obvio también que no todos transitamos homogéneamente los mismos estadios o fulcros. A decir verdad, en general parece faltarnos bastante para experimentar los niveles transpersonales desde donde accederíamos integral y concientemente a la Unidad.



Conclusión inconclusa

Dada la complejidad de diferentes sistemas socio-culturales y de los distintos niveles evolutivos de conciencia implicados en la Globalización, estamos a media luz ensayando y creando posibles actualizaciones de este antiguo proceso.

Es cierto que estamos globalizándonos, pero aún resulta incierta la manera de acordar la Globalización que queremos.

El verdadero acuerdo es fruto del dialogo. Sin embargo, no es fácil abrirse siempre a su fertilidad sin cerrarse en el estéril monologo del autoritarismo; más difícil resulta hacerlo con quienes parecen ni siquiera adoptar al diálogo como valor o con quienes ni se puede acordar el estar en desacuerdo. Pero es ineficaz querer resolver el fundamentalismo de una de las partes, con más fundamentalismo por parte de la otra.

Como lo micro y lo macro, lo subjetivo y lo objetivo solo son diferenciaciones interpenetradas de la misma Unidad, retomando la metáfora del holograma, también podemos ocuparnos del autoritarismo fundamentalista cuando advertimos estos rasgos en nuestro interior y nos ocupamos de ellos. Si intentamos asumir libre y responsablemente la fe y el miedo, la omnipotencia y la impotencia, la rigidez y la flexibilidad, el odio y el amor (u otras de las tantas dualidades que habitamos y nos habitan) será más fácil acercarnos en actitud de diálogo al necesario otro diferente. Porque cuanto más comprensivos seamos con nuestras humanas contradicciones, seremos menos propensos al enjuiciamiento de los demás y más posibilidades tendremos de encontrarnos con las humanas semejanzas del necesario diferente.

Desde el profundo deseo, desde el propio espacio socio-cultural y sin esperar que otros lo hagan por nosotros, podemos elegir como participar en la Globalización. Esta en cada uno de nosotros orientar nuestro sentimiento, pensamiento y acción en coherencia al movimiento del Todo, o hacerlo en contra posición. De todos modos, así como fue dicho “De la tierra nacemos y a la tierra volveremos”, a corto o largo plazo, estamos impulsados a través de los aciertos y desaciertos a ser parte conciente de la Unidad. En tanto esto va sucediendo, seguiremos ensayando en la globalización como necesaria escena de aprendizaje (pero transitoria) en la gran obra de La Globalización.



Juan Antonio Currado