7 dic 2009

Comercio justo, otra forma de producir y vender.



Comercio justo

El concepto nace en la década del 60 para disminuir el desamparo y la marginación que viven en el circuito económico millones de artesanos y pequeños agricultores

En la búsqueda de mecanismos capaces de restaurar una economía con múltiples fisuras, junto a los microcréditos sin garantía, la banca ética y los fondos de inversiones conscientes, aparece el comercio justo (CJ), una metodología innovadora que se suma al universo de las finanzas alternativas del tercer milenio.

"Centrado en la filosofía del pago de un precio razonable a los agricultores y productores de alimentos y artesanías, y a los trabajadores asalariados, la idea es asegurarle a la gente un monto de dinero que le permita mantener una calidad de vida digna, acceder a la educación, la salud y los mercados", explica Hugo Valdés, especialista latinoamericano en el tema.

El movimiento comercio justo empieza a formarse en Europa, a mediados de la década del 60, a partir de la toma de conciencia de los consumidores de los bajos precios que pagaban por los productos importados del Tercer Mundo.

Este despertar de la necesidad de encontrar propuestas capaces de permitir mayor equidad comercial mientras se protegen los derechos humanos, y la sobrevivencia de pequeños núcleos productivos, comenzó a armar, en 1969, una cadena de tiendas dedicadas a comercializar productos adquiridos sin intermediarios en las naciones en las que la brecha económica entre ricos y pobres es un abismo.

Artesanías y alimentos --en principio café, luego cacao, miel y frutas-- comenzaron a venderse en Holanda, y en la actualidad son miles los comercios que integran la Network of European World Shops. La Fair Trade Labelling Organizations International (FLO) es una entidad que reúne las certificadoras que otorgan los sellos que confirman que un producto, o materia prima, se genera a partir de los principios del CJ.

La FLO cuenta con estándares para las certificaciones, los cuales aseguran legitimidad en el sistema, transparencia en la transacción, el pago de un precio que se pacta de antemano y adelantos de dinero para poder trabajar. Entidades que apoyan e impulsan este estilo comercial son la Max Havelaar Foundation, Fair Trade Federation, European Fair Trade Association, la International Federation of Alternative Trade. Anneke Theunissen, de FLO, comenta que supermercados, universidades, gobiernos, hoteles y restaurantes adquieren, adhiriendo a la propuesta, alimentos y artesanías.


La Argentina

En el país, el movimiento CJ es incipiente, pero se expande en especial entre artesanos y algunos productores, por ejemplo, yerbateros, como es el caso de la yerba Titrayjú, procedente de una cooperativa misionera.

Aunque es larga la senda por recorrer para obtener certificaciones que posibilitan la venta de los productos nacional e internacionalmente con sellos que los acrediten, algunas entidades han aplicado a la Federación Internacional de Comercio Alternativo (IFAT). Entre ellas está Arte y Esperanza, una ONG que trabaja desde hace 18 años con 45 grupos indígenas. "Recibimos apoyo de la cooperativa italiana Chico Mendes para desarrollar proyectos y comercializar en el exterior", dice Mercedes Homps, miembro del grupo.

Paddy von Stecher, de Artesanías Argentinas, comenta que desde junio integran la Red Argentina de Comercio Justo (RACJ) compuesta por 25 organizaciones de productos alimenticios y artesanías. "El proceso apenas empieza. No obstante, algunas entidades están preparando un catálogo para Europa y difundiendo el concepto."

Según información de la RACJ, la filosofía de comercio justo se observa en los productos de las equiferias de Entre Ríos, los de las ferias francas misioneras, los de la fundación Niwok en Formosa, los del Centro Comercial de la Obra Kolping de Rosario y los de Surcos Patagónicos de Río Negro.

En la Argentina promueve esta iniciativa el Instituto para el Comercio Equitativo y el Consumo Responsable (Icecor), que presta servicios a productores, vendedores y consumidores de productos naturales y artesanales, basados en criterios de equidad, solidaridad y respeto por el hábitat. Comercio, no ayuda es el lema de base de esta construcción inspirada en el deseo de una mayor equidad y en la solidaridad.


María Teresa Morresi
Fuente: Diario La Nación

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