22 sept 2012

Resiliencia: Transformación y superación ante la adversidad.


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–¿Qué es la resiliencia?
–La capacidad de salir fortalecidos de
una adversidad. La palabra viene del latín y se refiere a la capacidad
que tienen los metales para volver a su estado original después de
someterse a una presión. En el caso de las personas, salimos
transformadas.

–¿Cómo dibujaría la resiliencia?
–Se podría dibujar como un árbol que sale fortalecido del temporal.

–Hay árboles que ya están torcidos antes del vendaval.
–Y dan grandes frutos, como la uva.

–¿Qué quiere decir?
–Que,
a pesar de que puedas creerte torcido, el fruto que vas a dar no tiene
por qué ser torcido. Es el gran mensaje de la resiliencia: que no
estamos determinados. La resiliencia es un canto a la esperanza.

–¿En qué sentido?
–Puedo
tener un accidente o me pueden violar, pero yo determino y decido qué
quiero hacer con mi vida. Ese accidente o esa violación no tienen por
qué determinar mi vida.

–¿Y cómo se hace?
–En primer
lugar, aceptando y reconociendo la adversidad. Si la niego, no le puedo
hacer frente. Eso quiere decir transitar por el dolor, antes que nada.
A partir de aquí, el paso es el de proyección: ya me puedo transformar.

–¿En qué?
–En
una perla dentro de una ostra, si me permite la metáfora. El proceso
resiliente es parecido a la creación de una perla dentro de una ostra.
Cuando un granito de arena entra en su interior y la agrede, la ostra
segrega nácar para defenderse y, como resultado, crea una joya
brillante y preciosa.

–¿Algún otro consejo para salir de una situación muy adversa?
–Encontrar un sentido. Hace falta tener un porqué. Podemos soportar cualquier cómo si tenemos un porqué.

–Lo decía Víctor Frankl.
–Exacto.
La resiliencia se empezó a estudiar después de la segunda guerra
mundial, tomando los campos de exterminio como la mayor adversidad que
puede sufrir una persona. Cuando Víctor Frankl, muy enfermo, vio que
iban a matarle y estaba a punto de dejarse ir, tuvo un flas y se dijo:
“Yo tengo que salir de aquí para explicar lo que he vivido y que esto
no se vuelva a repetir nunca más”. Y ese porqué le dio fuerzas para
levantarse.

–A veces es suficiente con que alguien nos diga que nos podemos levantar.
–Es
el llamado efecto pigmalión: si yo creo que esa persona puede, actuaré
como si esa persona pudiese. Lo malo es cuando ocurre al revés: si yo
creo que no puede hacer nada, esa persona actuará como si realmente no
pudiese hacer nada. Si a mí me han repetido toda la vida que soy tonta,
al final creeré que soy tonta y que para qué voy a hacer nada. Las
palabras tienen mucha fuerza. Con ellas se puede tejer un manto de
esperanza.

–¿Qué le diría a un lector que hoy lo esté pasando muy mal?
–Que
recuerde el ejemplo de la perla. Las ostras crean perlas gracias a la
adversidad. La resiliencia es un proceso, una capacidad.

–¿Sirve de algo preguntarse por qué me ha pasado a mí?
–Los
sabios orientales lo tienen muy claro y nunca se lo preguntan. En
cambio se preguntan esto: ¿Para qué me ha de servir? ¿Qué me traerá?

–¿Se puede aprender de cualquier adversidad?
–Como
pedagoga, tengo que decir que sí. La adversidad no sé si tiene sentido
o no, pero está ahí y no la podemos ignorar. No somos invulnerables y
siempre nos vamos a enfrentar a pequeñas y grandes adversidades. La
resiliencia es un canto al realismo de la esperanza, es decir: “Lo
acepto, es lo que me ha tocado. A partir de aquí qué hago, ¿voy de
víctima o proyecto futuro?”.

–La respuesta está clara.
–Proyecto futuro con la realidad que tengo, la que me ha tocado.

–¿Y si estamos hundidos?
–Primero hay que tocar fondo para empezar a subir. Es ley de vida transitar primero el dolor; después, ya subirás.

–¿La resiliencia es para siempre?
–No.
El hecho de que yo sea resiliente ahora no quiere decir que lo sea para
siempre. Todos tenemos la capacidad de saber nadar, pero hay gente que
aún no la ha puesto en práctica y no nada. Se trata de trabajar esa
capacidad para, cuando llegue la adversidad, superarla.

–¿Cómo la podemos ir trabajando?
–Desarrollando
el sentido de la vida y el motivo para seguir manteniéndonos vivos;
admirando las potencialidades de las personas que nos rodean y viendo
su belleza interior, y practicando el sentido del humor. Cada día es
precioso y cada paso es importante. Si tu sonríes a la vida, la vida te
sonríe.

Anna Forès entrevistada por Gaspar Hernandez



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